Opinar
se ha convertido en un delito en Venezuela, todo aquello que escúchanos de apoyo
a la libertad de expresión no es más que un discurso proselitista con el que se
pretende calmar nuestra alma como si fuéramos borregos de este régimen que hoy
pretende hacernos callar.
Nuestros
gobernantes pretenden hacernos callar, en cada discurso que dan nos instauran el
miedo para que nada hablemos, ni díganos, lo más triste es que les hacemos caso
y el silencio ha hecho parte de nuestra vida cotidiana. Nos convertimos en un
país de mudos.
Solo
unos cuantos, de los millones de venezolanos que hay, le hemos hecho una trampa
al miedo y no dejamos que este, entrara en nuestra casa, me refiero los
periodistas y los defensores de derechos humanos, pareciera que hemos hecho un
pacto de honor para cumplir con nuestro trabajo que es decir la verdad.
Las
consecuencias las henos vivido en carne propia, desde el mismo Servicio
Bolivariano de Inteligencia (SEBIN) día a día se espían nuestras conversaciones
y sus agentes supuestamente encubiertos vigilan cada uno de nuestros
pasos.
Igual
nuestro trabajo continua y si a nuestros perseguidores les sirve de algo, no
tenego miedo y al menos en mi caso, me tendrán que matar o confinarme en “La
Tumba” del SEBIN para callarme, mientras seguiré en lo mismo y repito con
dignidad, coraje y sin miedo.
